viernes, 22 de julio de 2016

Continuación Cap. IV. El Despertar





Después de todo, una mente consciente, incorpórea, capaz de mantener presentes vivencias producto de millones de años vagando por la Tierra, podía ser que comenzara a apreciar los cortísimos períodos de sueño de los organismos que ocupaba. Y había justamente descubierto un sitio donde podía darse el lujo de “apagar” su conciencia durante un rato. Un sitio con una gran veta de cobre. Tal vez la distorsión de los campos geomagnéticos que originaba la enorme masa de cobre subterráneo le incomodaba menos para el descanso. La verdad era que se sentía tan a gusto que, concentrándose lo más que pudo en un limitado espacio físico, lo que jamás había hecho, se quedó ahí. Ya en su viaje por el cosmos había visto el mismo fenómeno millones y millones de veces y sabía el efecto que eso producía en los planetas en donde ocurría. Destrucción total asegurada. Y mientras tanto, en la superficie de la tierra llegaba el gran invierno, luego del cataclismo cósmico que barrería con las especies que habían dominado la superficie del planeta. Había percibido el enorme impacto del meteorito con el mismo interés que un humano tendría si una lámpara se hubiera encendido durante unos segundos en una habitación iluminada. Y se había dispuesto a realizar luego de ello, una actividad análoga a una siesta humana.

Continuación Cap. IV. El Despertar





Después de todo, una mente consciente, incorpórea, capaz de mantener presentes vivencias producto de millones de años vagando por la Tierra, podía ser que comenzara a apreciar los cortísimos períodos de sueño de los organismos que ocupaba. Y había justamente descubierto un sitio donde podía darse el lujo de “apagar” su conciencia durante un rato. Un sitio con una gran veta de cobre. Tal vez la distorsión de los campos geomagnéticos que originaba la enorme masa de cobre subterráneo le incomodaba menos para el descanso. La verdad era que se sentía tan a gusto que, concentrándose lo más que pudo en un limitado espacio físico, lo que jamás había hecho, se quedó ahí. Ya en su viaje por el cosmos había visto el mismo fenómeno millones y millones de veces y sabía el efecto que eso producía en los planetas en donde ocurría. Destrucción total asegurada. Y mientras tanto, en la superficie de la tierra llegaba el gran invierno, luego del cataclismo cósmico que barrería con las especies que habían dominado la superficie del planeta. Había percibido el enorme impacto del meteorito con el mismo interés que un humano tendría si una lámpara se hubiera encendido durante unos segundos en una habitación iluminada. Y se había dispuesto a realizar luego de ello, una actividad análoga a una siesta humana.

miércoles, 20 de julio de 2016

Continuación Cap. IV - El Despertar.





El olor y el sabor de la sangre le pareció una exquisitez, un manjar tibio, salado, digno de degustarse una y otra vez. Correr detrás de las presas que huían despavoridas, le pareció lo más divertido que había hecho en su increíblemente larga existencia. Estuvo en esa actividad durante varias vidas consecutivas de depredadores, variando de uno a otro, como un chico que juega durante una tarde con varios juguetes. El apareamiento le pareció otra actividad instintiva de los organismos vivientes de lo más interesante. No podemos culparla de eso. A pesar de que una pequeña parte de su esencia energética era transmitida en cada oportunidad, nunca fue consciente de eso. Pero se fue extendiendo lentamente, formando pequeños duplicados que a pesar de que tenían consciencia de existir, no conocían su origen. Al no saber de dónde provenían, ni qué eran, su actitud se hizo furibundamente errática. Como niños, no distinguían el bien ni el mal. Y era lógico: tal división, sin la presencia arrogante de la humanidad no existía. Fueron esparciéndose por la superficie de la Tierra, conscientes de sí mismas, y de la existencia de otros seres como ellas, no tan fuertes como la entidad de la que provenían, pero sin duda mucho más agresivas. Y con el mismo gusto por la violencia y la sangre de los animales a los que habían aprendido igualmente a poseer. Cuando el fin de esa era llegó, en forma de una noche de cientos de miles de años producto del inmenso volumen de polvo arrojado a la atmósfera por el impacto, y las formas de vida orgánicas que había aprendido a manejar como un escolar a sus títeres, se extinguieron, para la entidad oscura fue como simplemente la llegada de la hora de la siesta. Había ciertas zonas que había descubierto, explorando el interior de la corteza, en las que se sentía más a gusto, ya fuera por razones de intensidad o dirección de los campos geomagnéticos del planeta, cuyas corrientes podía sentir, palpar.

domingo, 15 de mayo de 2016

Continuación del Cap. IV - El Despertar.





Al entrar a posesionarse de un cuerpo físico, las impresiones sensoriales le sobrevinieron muchísimo más aumentadas, totalmente magnificadas...incluyendo el penetrantísimo dolor de las dentelladas de los carnívoros que dieron caza a esas desdichadas, doblemente víctimas de los depredadores: uno intangible, sin esencia física, que casi la había desplazado de su cuerpo, y luego otro que la devoraría viva al volver a su cuerpo. Así que pasarían unos cuantos miles de años antes de que volviera a hacer una prueba. El paroxismo de dolor que sintió durante esos experimentos no era algo que quisiera repetir muy pronto, si podía evitarlo. Siendo un ser adimensional, el tiempo no entraba dentro de su campo de percepción. Cuando al fin se decidió a hacerlo, luego de mucho observar el transcurrir de la batalla por la supervivencia, y sus resultados, las especies que eligió fueron todas carnívoras, e instintivamente se percató de que al menos por el tamaño deparaban mejores perspectivas. A pesar de que su vista al estar restringida por globos oculares no era tan buena, luego de que se acostumbró, pudo hacer uso de ella dentro de lo que le parecía un limitado campo de acción. Después de todo, estar durante millones de años sin un cuerpo físico no era una sensación que podía olvidarse en un par de días. Cuando al fin la sensación se le hizo un poco más familiar, y el instinto de la bestia de cuyo cuerpo se había adueñado se hizo un poco más patente, cazó su primera pieza, cuando pudo dominar el cuerpo con la habilidad suficiente. Mantenía un delicado equilibrio con el alma original, desprendiéndose levemente apenas para dejarla dominar el cuerpo lo suficiente para mejorar los resultados de la cacería.

jueves, 28 de enero de 2016

Cap. IV - El despertar - continuación





O u protozoario que no podemos ni ver a menos que lo busquemos con empeño, y del sabemos que existe porque alguna vez nos lo dijeron en alguna clase. ¿Qué consideración con la especie humana podría tener una entidad muchísimo más antigua que la misma humanidad?. Esa humanidad que en su descomunal apetito por energía había perforado, fragmentado, y dinamitado tanto la superficie como el subsuelo, sin medir consecuencias la mayoría de las veces. La entidad que se despertó a consecuencia de un desafortunado incidente, había visto el final de los dinosaurios. Ya tenía conciencia de su existir. Estaba fresco en su titánica e incorpórea memoria. Incluso había tomado posesión innumerables veces de los carnívoros más agresivos. Cuando aprendió la forma de incorporarse a los cuerpos, puesto que sus primeros intentos fueron con animales muy pequeños, el desacoplamiento con el cuerpo físico, producto de la falta de costumbre, la inexperiencia, había hecho que el dominio de esos pequeños cuerpos fuera sumamente difícil...con lo que fue una presa muy fácil para los depredadores.