lunes, 11 de enero de 2016

Entrega doble - Cap. 2 - Teo.





Un kit de conversión proveniente de eBay, para usar gas como combustible en su generador, y un gran tanque de gas proveniente de un restaurante cuyo dueño había decidido cerrar y retirarse le ayudó mucho en esta parte del proyecto. Para otras necesidades menores, consiguió un buen kit de energía solar, con todo lo necesario para suplir al menos a su radio, un par de lámparas y otros equipos electrónicos. Teo no era un “teórico de la conspiración” ni mucho menos. Pero conocía bien a la especie humana. Sabía que los humanos tenían tendencia a aprovecharse de los más débiles. Y los humanos desesperados, pues peor aún. Habiendo vivido eso, prefería tener algo de tranquilidad mental, y a la vez esos pequeños aditamentos le agregaban valor a su casa sin ponerlo en bancarrota. Así que hacía su vida normal, y uno que otro fin de semana se iba a su sótano a limpiar, y a poner orden o renovar algún suministro. Le gustaba la lectura, y pasaba sus ratos de descanso sumergido en aventuras como las vividas por Joshua Slocum, el navegante del Pacífico, y en libros de historia de los piratas que navegaron por el Caribe siglos atrás. De tanto en tanto variaba sus lecturas, a temas espirituales, de economía, entre varios otros de su interés. No era gran deportista, pero luego de leer algunas historias de lo duro que lo habían pasado en Nueva Orléans gente que no estaba en forma, incluso que habían fallecido por estar demasiado obesos para correr, o se cansaron demasiado rápido hasta el punto de quedar agotados para salvar sus vidas, comenzó a caminar por el barrio y a dejar su auto en casa cuando necesitaba hacer pequeñas diligencias.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Entrega doble - Teo - Cap. 2.





El sótano que anteriormente había sido un vulgar depósito de cachivaches, como el de la mayoría de las personas, fue prolijamente aseado, pintado, provisto de estanterías, mesas, varios sofás camas de segunda mano, diversos tipos de lámparas también adquiridas en ventas de garage, y una buena variedad de alimentos de larga duración, en diversas presentaciones. Un pequeño kitchenette en un área acondicionada para ello con un comedor para seis, y un gran tanque de agua, un sanitario adicional, una gran puerta de acero, de alta seguridad cerraba el único acceso, y unas sólidas pero sencillas contraventanas de acero hechas por él mismo (ya que era fácil y le divertía usar la máquina de soldar) para todas las pequeñas ventanas completaban el conjunto. Era su pequeño secreto, y temía ser blanco de las bromas si alguien alguna vez se enteraba de que para entrar a su sótano haría falta un equipo de corte de acero con llama de acetileno y bastante voluntad. Por lo que apenas sus amistades más cercanas conocían la sala de su vivienda y su cocina. También se había interesado por la comunicación por radio, y le distraía escuchar una que otra vez transmisiones de radio de onda corta de otros países. Así que instaló un buen equipo de segunda mano para sus transmisiones, consiguió su licencia de radio-operador y pasaba agradables veladas contactando gente de otras latitudes, al estilo de la era pre-internet. Cuando se dio cuenta de que necesitaría energía eléctrica en caso de un desastre que afectara las líneas de distribución, consiguió un gran, ruidoso y viejo generador que instaló en un conveniente refugio bajo tierra, adecuadamente ventilado, y llevando su nivel de decibelios parecido al de un tren de carga, a un imperceptible ronroneo de origen inidentificable.

viernes, 25 de diciembre de 2015

1era Entrada - Cap. 2 - Teo





A pesar de no haber podido ir a una universidad, gracias a sus dotes obtuvo una beca que le permitió estudiar informática un tiempo antes del boom de las .com; pudo conseguir un buen trabajo, y no era de los que despilfarraban dinero. Habiendo crecido en una época en donde los desastres naturales eran noticia en todas partes, y a pesar de que estaba soltero y nadie dependía de él, se dedicó a investigar en cómo prepararse para algunas contingencias. Sabia actitud, que más adelante le salvaría la vida a él, su familia y otras varias personas más que apreciaba. Aunque la comunidad en la que vivían, la misma de Leonardo, era una de las más seguras de la región, prefirió tomar ciertas precauciones adicionales, tal vez derivadas a su subconsciente por los maltratos sufridos. Eso pudo hacerle sentir una necesidad inconsciente de protección, de crearse un nido de seguridad donde dormir tranquilo por las noches. Así que las puertas blindadas, ventanas con persianas metálicas automáticas, cerraduras biométricas y otros cuantos dispositivos fueron añadidos paulatinamente a su casa.

sábado, 19 de diciembre de 2015

7ma Entrada. Cap. II "Posesión" - Teo.





Teodoro era un superviviente nato. Desde su nacimiento había aprendido a luchar: primero con el fluido que no había podido expulsar de sus pulmones y que había hecho pasar semanas de angustia a sus padres hasta que los médicos se lo entregaron, delgado y exhausto pero a salvo. No le quedaron secuelas de esa enfermedad, pero el mal matrimonio y posterior divorcio de sus padres se las dejó, y bastante serias. A pesar de ser delgado y de mediana estatura, se dedicó al deporte como un medio de desahogo de algunas frustraciones: el ser pobre, criado por una madre que luchaba por subsistir, y para poder tener la resistencia que le permitiera escapar primero, y luego enfrentar y vencer a los típicos bravucones de colegio que le consideraban un blanco legítimo por destacarse a través de sus buenas notas. Por consiguiente, solía mantenerse ágil y en buena forma ya pasados aquellos días aciagos. De cabello castaño, algo rizado, muy abundante, nariz grande, y de carácter afable, no le había sido difícil las relaciones con las chicas.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

6 Entrada - final del Cap. I - "Posesión"





El próximo paso fue la compra de un pequeño equipo para realizar grabados, una maravilla tecnológica que le permitiría hacer elaboradas tallas tridimensionales en tablas de madera, plásticos y otros materiales a partir de imágenes debidamente procesadas por un computador. Un conjunto de ejes, por los que se deslizaba en las tres coordenadas del espacio un pequeño fresador de alta revolución, le permitiría trazar grabados y todo tipo de figuras con una muy alta precisión, haciendo el trabajo mucho más fácil y práctico. Le añadiría otra dimensión a lo que hasta el momento sus limitadas habilidades manuales le permitían. Y este avanzado juguete tecnológico de nuestro inefable personaje, iba a ser el detonante de todo una secuencia siniestra que devastaría el pueblo entero.